Al Sur de la villa balnearia, exactamente en el km.5,5 del camino costero sur, que lleva a “El Sótano”, llamado por algunos “sendero de los templarios” o “camino de los pulperos” crece el sueño pionero de una familia patagónica, ese sueño se llama: Rucaló
El emprendimiento está emplazado sobre una lonja de tierra de siete hectáreas con una vista exclusiva y privilegiada del Golfo San Matías.
Frente mismo al ingreso del Complejo y a sólo 200 mts. de él se ubica la exclusiva “playa de los flamencos”, así llamada por la gran cantidad de dichas aves que en los meses de otoño utilizan sus lagunas y su espacio intermareal como posta migratoria.
Es filosofía fundacional en Rucaló la del respetar y honrar el ámbito natural en el que está enclavado y resulta destacable la convivencia lograda entre algunas especies vegetales decorativas con la totalidad de las vernáculas; es así como junto a chañares, jarillas, piquillines y matasebos crecen rosas, alelíes, rayitos de sol, gazanias, por mencionar sólo algunas.
En perfecta armonía con el agreste y plácido paisaje marino-patagónico, se han incorporado pircas y canteros de piedras de la zona y troncos de árboles, que en muchos casos ofician de bancos para el descanso y la contemplación.
Por la excepcional ubicación del predio, tanto las cabañas como los distintos lugares de descanso se convierten de hecho en magníficos avistaderos de buques pesqueros y mercantes, de ballenas, toninas, lobos marinos, flamencos, chorlos, playeros, etc .
La mejor válvula de escape al moderno stress de las ciudades es el reencuentro con la naturaleza y en esa tesitura Rucaló apuesta a un futuro de plenitud ambiental en la Patagonia , se ofrece como lugar absolutamente natural, un refugio donde se privilegia el milagro cotidiano de la Creación en sus indescriptibles amaneceres, en la nitidez del estrellado de la noche patagónica; en la visión completa del “Golfo más azul del Continente” o las luces de la Villa , o El Puerto del Este o Alpat y descubrir el silencio en estado puro o el sordo rumor del mar y del viento…
Un lugar donde se pueda disfrutar el mejor trago desde la parrillada o lucirse con empanadas, pescado o lechón al horno de barro o preparar y disfrutar de un pollo al disco, todo frente al Golfo, todo frente a la estepa, todo frente al Universo. ..
Las cabañas llevan su nombre numeral en mapuche:
- Quiñe (1): Ideal para parejas, posee dormitorio matrimonial, baño completo, cocina y living-comedor con hogar a leña y amplios ventanales con excepcional vista al Golfo San Matías y a la estepa patagónica; amplio deck de madera sobre el frente y laterales con reposeras, hamaca paraguaya, Directv y detalles de confort. En su patio lateral tiene parrilla elevada para barbacoa o disco, fogón para asado al asador, horno de barro, mesa rústica con sombrilla. En su parte posterior posee cochera con sombra e inclusive cucha para la mascota canina.
- Clá (3): Posee dormitorio matrimonial, dormitorio secundario con capacidad para cuatro personas, cocina y living comedor todos con excelentes vistas del mar. Externamente cuenta con un deck de madera pasante con una pequeña piscina tipo jacuzzi con vista al mar. En uno de sus laterales tiene una exclusiva y amplia terraza de fina conchilla marina con reposeras, horno de barro y parrilla para asados y mesa artesanal con sombrilla, Directv, cochera con sombra.
En el predio del Complejo se sorprenderá con la increíble huella del tiempo endurecida en restos fósiles de extinguidas criaturas prehistóricas o con la pasiva ingenuidad de una tortuga o la amistosa presencia de martinetas y calandrias o la fugaz desconfianza de una liebre huyendo ó un zorro escondiéndose o el vuelo de una “lloica” …
Una útil y original descripción y guía identificatoria de las plantas regionales lo familiarizará con la flora local como asimismo con exclusivos y únicos elementos de la cultura indígena patagónica prehispánica.
En las noches de luna descubrirá la magia de la riela sobre el Golfo y quizás se asombre con las luces huérfanas de los barcos esperando para entrar a puerto o con la quieta silueta de chañares y piquillines recortándose como negras esculturas de hollín contra el firmamento.
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